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viernes, 10 de diciembre de 2010

Receta vencida


El senador Lorier pateó el tablero. Sumido en una pugna interna para mantener el control del Partido Comunista, dijo estar "desilusionado" con la gestión del presidente Mujica, y que el Frente Amplio corre "riesgo de ruptura" si no se cambia el rumbo económico. Para Lorier la clave es "la redistribución de la riqueza, el impulso del país productivo con justicia social y la profundización democrática, en una sociedad donde los pobres son cada vez más pobres, y los ricos cada vez más ricos". Todo esto mediante el incentivo del mercado interno, el uso de reservas y detracciones a exportaciones. Así nomás. 

Empecemos por lo primero: la "redistribución de la riqueza". Este eslogan, que suena precioso, oculta un cangrejo bajo la piedra. Implica que el Estado decida lo que le corresponde a cada uno, y compense sacando al que gana más para redistribuirlo a su voluntad. Dejemos a un lado la trascendente cuestión sobre en qué lugar de la Constitución se atribuye al Estado tan noble función y las potestades para hacerlo. Vayamos a los resultados. ¿Es el Estado el mejor distribuidor de la riqueza? Basta ver la reciente discusión presupuestal para darse cuenta de que no. Un Estado que no asigna los recursos en base al mérito o a la cantidad o calidad del trabajo, sino a la capacidad de presión sindical. Situación que genera aberraciones como que un portero de un banco estatal o de una empresa pública gane 4 veces el sueldo de un maestro o un policía. Donde no se puede exigir que se trabaje un mínimo de 6 horas porque se produce un escándalo. ¿Es eso mejor que el "maldito" mercado? 
Otro punto interesante es lo del fortalecimiento del mercado interno y las detracciones a las exportaciones. Esta película ya se vio en Uruguay, y ya se conocen los resultados: pan para hoy y hambre para dentro de 15 días. El mercado uruguayo es minúsculo, y pretender que el consumo interno sea suficiente para impulsar un desarrollo nacional es un disparate. Ya se vio lo que pasó cuando el "neobatllismo" pretendió algo similar, y sólo logró generar una economía irreal, con escasez de productos básicos. 
Y las detracciones son un problema similar. Implican poner una carga impositiva extra a los sectores más competitivos para que estos financien a los que no lo son, impidiéndoles capitalizarse y mejorar, a la vez que genera una casta de sectores prebendarios que dependen de la ayuda estatal. No, Uruguay necesita abrirse al mundo, comerciar, vender. Algo que difícilmente podamos concretar si nosotros mismos nos cerramos e imponemos medidas tan distorsivas al comercio. Ni nuestro mercado da para permitirnos un desarrollo genuino por nosotros mismos, ni el mundo nos va a comprar nada si no respetamos un comercio internacional lo más libre posible.
Lo de las reservas es una cantarina vieja como el tiempo, y plagada de mentiras y medias verdades. Primero que nada, las reservas no son plata del Estado, con la que se puede hacer lo que se quiere. Allí hay dinero de los bancos que asegura un porcentaje de los depósitos en plaza, y hay dinero que garantiza el valor de la moneda. Temas muy delicados que cuando se estudian seriamente, se comprende su importancia. Por algo Mujica, que había dicho algo similar en la campaña, no volvió a mencionarlo. ¿Qué político en Uruguay no querría disponer de 8 mil millones de dólares para hacer obra e inversión social? Se garantizaría la reelección eterna y un lugar en la historia. Si nadie lo hace, ni lo sugiere, es porque estudian los temas y tienen un poquito más de responsabilidad. 
Se podría seguir con cada uno de los puntos del discurso. Desde la falsedad absoluta de que "los pobres son cada vez más pobres" (según el propio gobierno del senador Lorier hay 200 mil pobres menos) hasta el difuso concepto de "profundización democrática", proviniendo de un sector cuyo modelo político (Cuba) tiene un sistema de partido único. Un sector con una visión tan democrática que pese a haber obtenido menos de 70 mil votos entre dos millones y medio de votantes, pretende imponer su visión al resto, en base al poder de presión de un aparato sindical sin que parezca importarle el resultado de las urnas. 

El País Digital
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