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lunes, 11 de octubre de 2010

CARTA DEL DR. VALDEZ

imagen del contenido Se conoció la carta de renuncia del Dr. Lizardo Valdez responsable del Programa de Salud Mental del MSPLa carta fechada el 20 de setiembre describe al nuevo escenario dentro  de ASSE con pasajes en donde sostiene que hay un establishment que domina el poder en el organismo
“Sabía  que
 el etablishment tiene  dos formas de combatir lo nuevo y revulsivo: la descalificación y el soborno. Ambas fueron  y serán intentadas. Pero descubrí que un nuevo etablishment tiene una nueva forma: el mimetismo. Y temo que ésta es aún más eficaz que las anteriores” dice Valdez en su carta.
Más adelante sostiene Valdez que existe un poder que impide los cambios: “No se puede discutir con la mentira que se mimetiza, usa el mismo lenguaje, plantea los mismos objetivos. Es el funcionamiento perverso. Cualquier jugada es mala. La única salida es no jugar. Las nuevas generaciones deben recuperar la palabra verdadera. El engaño, tiene distintas caras para permanecer en un lugar de poder. Se trata  de un supuesto poder, es el poder que  paraliza el cambio: interno y exterior”.
Para el ex responsable del Salud Mental del MSP hay temas de ética muy importante en su toma de decisión: “Hay momentos para la apelación moral y política, pero hay un punto de inflexión, de no retorno, que es el de la ética. Ese es personal y nunca negociable.”, escribe  el Dr. Valdez.

A continuación trascribimos la carta de renuncia
Montevideo, 20 de septiembre de 2010
Sr. Ministro de Salud Pública
Economista Daniel Olesker
Srs. Miembros del Directorio de ASSE:
               Por la presente vengo a presentar renuncia al cargo de Responsable del Programa de Salud Mental del MSP y de médico de ASSE.
Me pregunté si esta nota debería terminar aquí o debería acompañarla de algunas reflexiones. Finalmente opté por la segunda alternativa, sabiendo que estas últimas están destinadas sólo a aquellos que quieran y puedan oírlas.
En marzo del 2005 se me dio la oportunidad de devolverle a nuestra sociedad algo de lo mucho que había recibido: en la formación en valores, en los principios democráticos, en el pensamiento universitario, en el compromiso político con la solidaridad y la justicia, en el sostener colectivo  de las pérdidas de los años de la dictadura. En mi formación bebí de muchas fuentes: religiosas y laicas; públicas y privadas; políticas y filosóficas; académicas y populares.
Desde que comencé mi función en la dirección del H. Vilardebó, intenté formar equipos de trabajo con gente más joven, sin preguntarles nunca de que partido eran o a que sector pertenecían, preocupado sólo por la capacidad y dedicación a la tarea. Los comienzos no fueron fáciles, cometimos errores por desconocimiento e ingenuidad y enfrentamos  resistencias de todo tipo al intentar implementar un sistema de gestión austero y en base a planes y proyectos, que considerara a la vez: a los pacientes y sus familiares, al equipo técnico y los funcionarios y a la organización de salud en su conjunto. Pasamos de un conflicto a otro, que nunca tenían que ver con los pacientes y su bienestar. Aún en ese clima fuimos avanzando y a pesar de tener un 50% de pacientes judiciales, la situación fue mejorando y las situaciones de violencia fueron siendo cada vez más esporádicas. Los cambios edilicios, la mejora de la alimentación, el uso de los jardines clausurados cuando llegamos, la protocolización de muchos procedimientos, empezaron a generar un clima propicio para la rehabilitación de los pacientes. La formación continua de funcionarios fue otra preocupación permanente.
Siempre tuvimos claro que estábamos de paso y trabajábamos para el futuro. Lamentablemente la mayoría de la prensa recogía casi exclusivamente los momentos conflictivos y eso  contribuía a mantener  en el imaginario colectivo la idea de la peligrosidad del enfermo mental, que invitaba a mantenerlos en los niveles de exclusión social de siglos anteriores.
Tuvimos también bajo nuestra responsabilidad los equipos de salud mental en Montevideo e Interior. No los dirigimos desde un escritorio, viajamos permanentemente al interior y recorrimos los equipos con nuestros colaboradores.
En esos cinco años coordinamos  con fluidez: con la junta de Drogas, el Mides, el INAU, el Ministerio del Interior, las intendencias, y muchas otras estructuras del Estado y fuera de él. Estos encuentros centrados en la tarea con gente de distinta procedencia partidaria y social fueron muy enriquecedores  y estimulantes.  Tratamos siempre de contar con los mejores en los distintos niveles, pero los mejores no sólo en lo académico, sino también en la dedicación y el compromiso.           
Sabía  que el etablishment tiene  dos formas de combatir lo nuevo y revulsivo: la descalificación y el soborno. Ambas fueron  y serán intentadas. Pero descubrí que un nuevo etablishment tiene una nueva forma: el mimetismo. Y temo que ésta es aún más eficaz que las anteriores.
Se apropian del discurso y lo vacían de contenido. Palabras como participación, solidaridad, equidad, cambio, etc., palabras que fueron la síntesis de tantas luchas y de tanto heroísmo, han sido desvirtuadas. Los guardianes de la ortodoxia disfrazada de cambio hacen su trabajo con eficacia.
Y esto no sucede sólo en el campo de la salud mental.
Este ha sido un tránsito doloroso. Y esperé. Esperé inútilmente alguna reacción, algún signo que permitiera abrigar una esperanza. Me sirvió para conocer desde dentro, de verdad, personas, organizaciones, partidos, personalidades. En esto hubo, descubrimientos esperanzadores y decepciones inesperadas. Comprobé una vez más, cuanto seduce la mentira, el engaño y autoengaño, a aquellos que se enamoran del poder.
Tuve ya algunas señales al final del anterior gobierno, que toleré en silencio. Quizás  me dejé seducir por las palabras y algunos gestos. Quería creer. Pero olvidé de que lo que se trata, es de la acción sostenida, del compromiso diario, mucho más que del gesto condescendiente.
Allí fue cuando me pregunté si valía la pena escribir algo,  y para quien. Obviamente estas reflexiones no van dirigidas a nadie en particular. Es más que nada una reflexión para mí mismo, necesaria, purificadora, sin ninguna pretensión de actuar en la realidad, eso sería un acto político. Este no lo es. Responde a una necesidad básica, a un sentido de responsabilidad. Si sirve para que alguien en el futuro, piense, ya es  mucho.
No se puede discutir con la mentira que se mimetiza, usa el mismo lenguaje, plantea los mismos objetivos. Es el funcionamiento perverso. Cualquier jugada es mala. La única salida es no jugar. Las nuevas generaciones deben recuperar la palabra verdadera. El engaño, tiene distintas caras para permanecer en un lugar de poder. Se trata  de un supuesto poder, es el poder que  paraliza el cambio: interno y exterior.
Están también los que miran sin ver. Saben, pero hacen como que no. Siempre hay cosas más importantes, pero los locos no votan. A veces duele más la omisión inesperada, que el ataque previsible.
Nadie puede dar la batalla de otros. Son las nuevas generaciones las que deben encontrar su propio camino, en esa selva de mentiras y de realidad construida con palabras e imágenes, que poco dicen de la vida misma. Creo haber cumplido con mi parte. En 5 años en ASSE hicimos muchas cosas, formamos equipos, entusiasmamos a muchos, mostramos que se puede. En estos meses en el Ministerio, reunimos a psiquiatras y psicólogos de distintas orientaciones y dejamos las bases para que el conjunto de la población se pueda beneficiar de las actividades psicoterapéuticas. El proyecto es una tarea terminada. Ahora depende de decisiones políticas. Quiero agradecer a todos los que colaboraron con desprendimiento y eficiencia. Disculpen que dé un paso al costado. No me es posible trabajar en una situación donde la forma dice mucho del contenido, un clima de intrigas y desconfianza impera. Me resultaría imposible continuar sin entrar en la misma lógica de funcionamiento. Y no puedo avalar con mi presencia esa lógica.
Hay momentos para la apelación moral y política, pero hay un punto de inflexión, de no retorno, que es el de la ética. Ese es personal y nunca negociable. Si es negociable no es ética. La ética o las actitudes éticas no pretenden como las actitudes morales o políticas actuar en el presente. Marcan el presente, para habilitar el futuro, nunca personal, siempre colectivo y no ahora sino en otros tiempos, en otros mundos.
Dicho esto, la pregunta: ¿por qué te vas?  Pierde fuerza. En todo caso, no está dirigida a mí. Está dirigida a cada uno que se la formula. Y sólo, cada uno, en su intimidad puede contestarla.
A partir de ahora callo. Creo en el efecto de la palabra auténtica, arrancada con esfuerzo de las entrañas de las piedras del engaño. Creo en la palabra acuñada en el encuentro sereno con el otro. No creo en las palabras aprendidas, en los discursos llenos de forma y vacíos de contenido.  Por eso a partir de ahora me llamo al silencio que habilita a la creación de lo nuevo. Sólo el silencio deja escuchar al Otro interior y al otro de afuera, para poder pensar y no repetir lo ya sabido. Por eso invito a y guardaré silencio.
Los saluda

Prof. Dr. Lizardo Valdez

UyPress

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